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Las orangeries – un mundo de plantas y arte

La mayoría de las orangeries – los que comprenden el edificio y el parterre como obra de arte en su conjunto – tienen su orígen en los principios del siglo XVIII, la arquitectura barroca y el jardín francés al mismo tiempo.

Lo que se comprendía como centro de atención de estas instalaciones prébarrocas no fue la arquitectura, sino la admiración de los árboles cítricos traídos de países exóticos. Sólo en el tiempo del barroco la propiedad de naranjos se convertía en metáfora de virtud principesca: naranjas y frutas cítricas se equipararon con las manzanas de oro del jardín mítico de los Hespérides en el fin del mundo, los que el héroe Hércules trajo a la tierra como precio para su virtud y como símbolo para la vida eterna, después de haber matado al dragón que había cuidado a los árboles..

la Orangerie de Schönbrunn 1826, Palacio Trautson en Viena

En el Palacio de Versalles se colocaban estos naranjitos cargados de simbolismo hasta dentro de las habitaciones de Luis XIV. Correspondientemente las orangeries no solamente se utilizaban para invernar plantas delicadas, sino también eran lugar donde se llevaban a cabo fiestas y represantaciones cortesanas. Estas representaban una parte importante del conjunto del palacio.

Ejemplos de los edificios de orangeries son el del Palacio Trautson en Viena (el arquitecto es J.B. Fischer de Erlach, construido en el 1710) y la orangerie del Castillo Schönborn en Göllersdorf (arquitecto es J.L. de Hildebrandt, construida en el 1716).

Una especialidad presentaba el Palacio Belvedere en Viena: las plantas cítricas se quedaban en el mismo lugar durante todo el año. Un invernadero de madera se contruía en otoño por encima de los árboles, y se retiraba en primavera.

La Orangerie de Schönbrunn con su longitud de 189 metros – más que el palacio – y sus 10 metros de ancho es la segunda más grande orangerie existente, después de la de Versalles. Son también estas dos orangeries las que aún se encuentran en funcionamiento.